Hace unos meses visitando un gran centro comercial, me topé con una zona de menaje de cocina fantástica. Los diseños actuales y la excelente decoración de aquella sección me eclipsaron completamente. De buena gana hubiera tirado por el balcón todos los utensilios de mi cocina para cambiarla enterita por aquellas maravillas. Al final me decidí por llevarme un trocito de aquella belleza y compré un azucarero. No lo necesitaba, el precio era enorme pero, sus formas envolventes, su color cromado y negro me enamoraron al instante, así que su valor no me importo y lo compré. Al llegar a casa rápidamente guardé el azucarero viejo (incluso pensé en tirarlo)
Bastó que lo utilizara dos veces para darme cuenta de mi error. Era incómodo de usar. Tenia una abertura muy estrecha, la capacidad de azúcar que le cabía era mínima, y la tapa había que sujetarla con una mano para poderlo utilizar, porque pesaba en exceso. Tampoco permitía dejar una cucharita dentro, con lo cual era fastidioso su uso. Para colmo, esas formas minimalistas y supermodernas, contrastaban escandalosamente con la decoración de mi cocina, digamos que el azucarero parecía un extraterrestre entre mis muebles y demas utensilios. Aun así lo utilicé una temporada, porfiadamente en que debía de acostumbrarme a aquella "preciosura", hasta que un día por fin, harta de ese fastidio, y aceptando mi error, me decidí a cambiarlo por mi viejo y comodísimo azucarero de siempre.
" Acuérdate de esta historia, porque todo en la vida funciona igual, y cuando elijas utensilios para tu día a día ropa para tu cuerpo, incluso pareja para tu vida, plantéate si es la adecuada para tu "cocina". No te dejes deslumbrar por "azucareros " perfectos, porque quizás no sean estos los que mas utilidad puedan ofrecerte, ni los que mejor "combinen" con tu persona, tu familia o tu manera de vivir (y sobre todo piénsalo bien antes de tirar tu "azucarero" viejo). "



